La construcción de ambientes de aprendizaje

en la escuela: una tarea permanente

The construction of learning environments

at school: a permanent task

Fecha de recepción: 18 de febrero de 2019

Fecha de aceptación: 05 de marzo de 2019

Samuel Alejandro Portillo Peñuelas

Secretaría de Educación y Cultura de Sonora, México

samuelport90@gmail.com

Resumen

La construcción de un ambiente de aprendizaje desde el proceso de planeación y gestión del mismo, hasta su generación implica dimensionar dónde se encuentran los estudiantes, hacia dónde se pretende llegar y el nivel de vinculación contextual del aprendizaje a generar para su aplicación a nivel personal y social. Gestionar dichos espacios en la escuela significa proporcionar las condiciones necesarias que permitan problematizar, descubrir, comprender, motivar y asimilar situaciones o contenidos educativos y de la vida diaria desde la propia perspectiva de los estudiantes. Para ello, habrá que considerar que el edificio escolar, patios y demás infraestructura ya no son suficientes en sí mismos, sino se requiere la participación activa del docente quien habrá de apostar por la implementación de metodologías innovadoras e incluyentes que propicien la adquisición de nuevos aprendizajes y nuevas formas de convivencia. Al hablar de ambientes, se plantea la gestión de los diversos espacios educativos con fines específicos para la generación del aprendizaje. Redimensionar los ambientes educativos en la escuela implica, además de modificar el medio físico, los recursos y materiales con los que se trabaja, un replanteamiento de los proyectos educativos que en ella se desarrollan y particularmente los modos de interacciones de sus protagonistas, de manera que la escuela sea un verdadero sistema abierto, flexible, dinámico y que facilite la articulación de los integrantes de la comunidad educativa.

Palabras clave: Ambiente de aprendizaje, Escuela, Alumno, Formación Docente, Gestión del aprendizaje.

Abstract

The construction of a learning environment from the process of planning and management of it, up to its generation involves dimensioning where students are located, where they intend to go and the level of contextual linkage of learning to be generated for their application on a personal level and Social. Managing such spaces in the school means providing the necessary conditions that allow problematizing, discovering, understanding, motivating and assimilating situations or educational contents and daily life from the perspective of the students. For this, we must consider that the school building, playgrounds and other infrastructure are not sufficient in themselves, but requires the active participation of the teacher who will be committed to the implementation of innovative and inclusive methodologies that encourage the acquisition of new learning and new forms of coexistence. When talking about environments, the management of the various educational spaces with specific purposes for the generation of learning is considered. Resizing educational environments in the school implies, in addition to modifying the physical environment, the resources and materials with which we work, a rethinking of the educational projects that take place in it and particularly the modes of interactions of its protagonists, so that the school is a true open, flexible, dynamic system that facilitates the articulation of the members of the educational community.

Keywords: Learning environment, School, Student, Teacher Training, Learning Management.

Introducción

Los cambios sociales nos hacen cuestionar si lo que es muy útil aprender ahora lo seguirá siendo en unos años. En ese sentido, la respuesta es dinámica, lo que hoy es valioso puede no serlo en unos años y viceversa. Tampoco la respuesta tiene por qué ser la misma para todos los alumnos, en virtud de que cada uno tendrá un futuro particular. Por lo mismo es indispensable ofrecer espacios curriculares que atiendan a intereses y necesidades individuales (SEP, 2017). En este sentido, “la escuela actual no sólo se enfrenta a una reformulación pedagógica, sino también es testigo de la aparición de nuevas realidades que la afectan directamente” (García-Lastra, 2013, p. 205).

Así pues, el tiempo y las nuevas exigencias emanadas de la modernidad, obliga a las instituciones a renovarse. Dicha situación, no es ajena a los espacios educativos quienes ahora deben centrar su atención en el estudiante y en la creación de espacios para que éste pueda desarrollarse con el grupo de iguales “considerado como uno de los agentes de socialización clásicos” (Fernández, 2003, p. 242), sea a través del juego, la comunicación, la convivencia y/o el aprendizaje. Ello, representa una tarea permanente por parte del colectivo escolar, quienes deben realizar un ejercicio de planeación y construcción de escenarios que puedan dotar y potenciar en los estudiantes experiencias educativas positivas y exitosas.

Para ello, habrá que considerar que el edificio escolar, patios y demás infraestructura ya no son suficientes en sí mismos. El espacio físico y material de la escuela, se presenta quieto e inmóvil. Es decir, en los centros escolares se presenta una constante en cuanto a la inamovilidad de los materiales (El material deportivo se encuentra encerrado en la bodega, los juegos de mesa y educativos no están a disposición del alumnado, los libros en biblioteca se presentan previamente acomodados y ordenados con la regla de no tocar o manipular hasta que el maestro indique y en las aulas se encuentran bien estipuladas las áreas lineales de acomodo de bancos para el trabajo, limpieza y aseo). En este sentido, “el ambiente debe trascender la noción simplista de espacio físico y abrirse a las diversas relaciones humanas que aportan sentido a su existencia. Desde esta perspectiva, se trata de un espacio de construcción significativo de la cultura” (Duarte, 2003, p. 99).

Por tanto, en una sociedad donde se exige la generación de conocimiento, donde se necesita la producción de saberes y la adquisición de nuevas habilidades y competencias, se debe dinamizar y activar cada espacio y recurso de la escuela por quienes participan en la ella (Directivos, maestros, alumnos y padres de familia) con prácticas educativas y propósitos específicos orientados a el establecimiento de nuevas formas de aprender.

Por tal motivo, en los centros escolares se debe apostar por la implementación de metodologías innovadoras e incluyentes que propicien la adquisición de nuevos aprendizajes y nuevas formas de convivencia (Para aprender). “Tal espacio, deberá ser considerado por el docente para la construcción de ambientes y como una oportunidad para renovar su propia práctica” (Portillo, 2019, p. 53). De tal forma, la principal función del docente será “contribuir con sus capacidades y su experiencia a la construcción de ambientes que propicien el logro de los aprendizajes esperados por parte de los estudiantes y una convivencia armónica entre todos los miembros de la comunidad escolar” (SEP, 2017, p. 114).

En este sentido, Fernández (2003) expresa:

Hoy la escuela está menos para transmitir información, accesible en la red en cantidades descomunales, que para formar a los individuos y desarrollar, como parte de su identidad, las capacidades que les permitan saber acceder a ella y usarla para construir una vida con sentido y una convivencia democrática y justa. Los valores sociales y la configuración de personalidades eficientes, democráticas, críticas y activas de la sociedad a la que pertenecen, son hoy las dimensiones fundamentales que debe potenciar la escuela (p. 245)

Así pues, al hablar de ambientes, se plantea la gestión de los diversos espacios educativos con fines específicos para la generación del aprendizaje. Ello para superar posturas instrumentalistas, transmisionistas y disciplinarias en las aulas escolares. En esta línea, partiremos de la mirada de ambiente de aprendizaje propuesto por Duarte (2003), donde expresa:

Un ambiente de aprendizaje es aquel que posibilita la comunicación y el encuentro con las personas, da lugar a materiales y actividades que estimulan la curiosidad, la capacidad creadora y el diálogo, y donde se permite la expresión libre de las ideas, intereses, necesidades y estados de ánimo de todos y sin excepción, en una relación ecológica con la cultura y la sociedad en general (p. 102).

Desde este punto de partida, se realiza el abordaje de la construcción de ambientes de aprendizaje en la escuela como una tarea permanente que requiere de un proceso de planeación y organización del colectivo docente para dotar de experiencias educativas que resulten significativas y de interés para los estudiantes.

Ambientes de aprendizaje

Hay que considerar que en la escuela de hoy, los procesos de enseñanza-aprendizaje mantienen un carácter de validez temporal en cuanto a la transmisión de conocimientos. En consecuencia, “muchos de los conocimientos válidos en la actualidad habrán caducado en poco tiempo” (García-Lastra, 2013, p. 203). En este sentido se debe prestar atención al ambiente, en el cual, “el ser humano se encuentra en condiciones de reflexionar sobre su propia acción y sobre las de otros, en relación con el medio” (Duarte, 2003, p. 99).

Conceptualmente, los ambientes de aprendizaje:

Son todos los elementos contextuales, físicos, naturales y de relaciones humanas, propicios para potenciar y estimular el aprendizaje y la participación de los sujetos, mediante la libertad que se les otorga para expresarse y actuar de manera responsable y autónoma, con posibilidad de trabajo individual y colaborativo donde se sientan respetados, aceptados y reconocidos por sus atributos y cualidades, de tal manera que se desarrollen integralmente como personas (Ramírez-Vallejo, 2016, p. 113)

Por su parte Chaparro (1995) lo define como:

Un escenario donde existen y se desarrollan condiciones favorables de aprendizaje, y que no se limita a las condiciones materiales necesarias para su implementación. Por el contrario, se instaura en las dinámicas que constituyen los procesos educativos y que involucran acciones, experiencias vividas por cada uno de los participantes; actitudes, condiciones materiales y socio-afectivas, múltiples relaciones con el entorno y la infraestructura necesaria para la concreción de los propósitos culturales que se hacen explícitos en toda propuesta educativa (p. 2)

De manera agregada, Educación Básica a partir del plan 2011 se integra el término de ambiente de aprendizaje como un “espacio donde se desarrolla la comunicación y las interacciones que posibilitan el aprendizaje” (SEP, 2011, p. 28) y en el Nuevo Modelo Educativo para la Educación Obligatoria se mantiene como un “conjunto de factores que favorecen o dificultan la interacción social en un espacio físico o virtual determinado, implicando un espacio y un tiempo donde los participantes construyen conocimientos y desarrollan habilidades, actitudes y valores” (SEP, 2017, p. 119). “Desde esta perspectiva, se asume que en dichos ambientes media la actuación del docente para construirlos y emplearlos como tales” (SEP, 2011, p. 28) destacando en su construcción lo siguiente

  1. Claridad con respecto del aprendizaje que se espera logre el estudiante.
  2. Reconocimiento del contexto.
  3. Relevancia de los materiales educativos impresos, audiovisuales y digitales.
  4. Interacción entre estudiantes y maestro.

    Por su parte Bautista, Méndez y Palafox (2017) en cuanto a la generación, destacan:

    Para su construcción, se habrán de considerar los elementos físicos de la institución (infraestructura), los elementos pedagógicos (estrategias adecuadas, planeación incluyente, cumplimiento del programa de estudio), elementos conductuales (orden, disciplina, valores) y elementos sociales (buena comunicación, contexto y familia) (p. 9)

    No obstante, no de sebe perder de vista que el ambiente de aprendizaje debe reconocer a los estudiantes y su formación integral como su razón de ser e impulsar su participación activa y capacidad de autoconocimiento. “Si hay un rasgo que caracteriza actualmente al escenario escolar es la coexistencia de contextos diversos, de espacios educativos compuestos por un alumnado heterogéneo (en cuanto a origen, exigencias y aspiraciones) y, en definitiva, de múltiples demandas” (García-Lastra, 2013, p. 206). Por ello, “se deben asumir la diversidad de formas y necesidades de aprendizaje como una característica inherente al trabajo escolar” (SEP, 2017, p. 120)

    En cuanto a la actuación del docente, éste resulta un elemento fundamental en la gestión y construcción de dichos ambiente, ya que en su carácter de facilitador será el encargado de establecer lo que se espera logre el estudiante, así como un proceso de planeación con secuencias didácticas considerando el contexto, la identificación de materiales educativos a utilizar según el tipo de producción a generar y el proceso de participación tanto de él mismo como de los estudiantes. Así pues, hay que señalar “la capacidad del docente para crear ambientes de aprendizaje como relevante y definitiva” (Bautista, et al. 2017, p. 9).

    Por tanto, se debe considerar un sistema articulado, donde el inmueble debe ser parte fundamental de las condiciones necesarias para el aprendizaje y debe tener a disponibilidad de la comunidad escolar materiales educativos de calidad, diversos y pertinentes para la concreción del currículo (SEP, 2017). Por tanto, en palabras de Duarte (2003)

    Redimensionar los ambientes educativos en la escuela implica, además de modificar el medio físico, los recursos y materiales con los que se trabaja, un replanteamiento de los proyectos educativos que en ella se desarrollan y particularmente los modos de interacciones de sus protagonistas, de manera que la escuela sea un verdadero sistema abierto, flexible, dinámico y que facilite la articulación de los integrantes de la comunidad educativa: maestros, estudiantes, padres, directivos y comunidad en general (p. 104).

    En este sentido, “la escuela debe cambiar su forma de enseñar, de actuar y de relacionarse” (García-Lastra, 2013, p. 215), situación que resulta uno de los retos fundamentales tanto para los directivos y maestros, en cuanto a la diversificación de estrategias de enseñanza, modalidades de trabajo, participación y formas de convivencia que permitan al alumno desempeñarse dentro del aula y en la escuela. Ello, exige la generación de ambientes propicios que propicien llevar al alumno más allá de su contexto local-regional o bien, traer aspectos relevantes de la cultura y del medio más inmediato a la escuela.

    Gestionar ambientes de

    aprendizaje

    Si bien, queda clara la idea que al hablar de ambientes de aprendizajes, no sólo es hablar de la infraestructura, materiales o recursos de apoyo, sino se debe también considerar que su esencia dependerá de la iniciativa, creatividad, capacidad e interacción de la persona que esté al frente del proceso enseñanza-aprendizaje (Rodríguez, 2014). Es decir, habrá que poner especial atención en el docente, quien no sólo debe promover el aprendizaje, sino debe potenciar en sus estudiantes a la mejora en la toma de decisiones y solución de problemas (Gutiérrez y Ahumada, 2017).

    En este orden de ideas, el docente habrá de gestionar el tiempo, el espacio y los materiales para propiciar un ambiente que posibilite “la comunicación y el encuentro con las personas, así como plantear actividades que estimulen la curiosidad, la capacidad creadora y el diálogo, y donde se permita la expresión libre de las ideas, intereses, necesidades y estados de ánimo de todos” (Duarte, 2003, p. 105). Por tanto, habrá que poner especial atención en el diseño, “que sugiere repensar lo que se enseña, cómo se enseña y cómo se evalúa” (Bransford, Brown y Cocking, 2007, p. 7)

    El tiempo, habrá de administrarse en función de criterios de aprendizaje, considerando las necesidades y posibilidades de los estudiantes (García y Puigvert, 2003), el espacio influirá para que para que el alumno comprenda mejor los saberes que va construyendo (Bautista, et al. 2017) por lo que habrá que considerar aquellos que se constituyan como agentes de socialización (Fernández, 2003). Por ejemplo, en función de la organización espacial que se defina dentro del aula García y Puigvert (2003) expresan:

    Se va a favorecer un tipo determinado de interacciones entre el profesorado y el alumnado y entre el alumnado en sí. [Como observación] Si las mesas del alumnado están dispuestas en círculo o forma de «u» se favorecerá un tipo de interacción fluida entre ellos y ellas y con el profesor/a o las demás personas adultas presentes en el aula. Si, por el contrario, las mesas están dispuestas en fila mirando hacia la pizarra, el alumnado sentado en las filas de atrás tendrá unas interacciones con él o la profesora menos cercanas que el de las primeras filas, además de no poder ver las caras de sus compañeros y compañeras. Del mismo modo, el de las primeras filas no tendrá otra perspectiva que la de la pizarra y la persona que tiene delante, normalmente el profesor o profesora (p. 272).

    Otra situación se presenta cuando el salón de clase resulta ordenado limpio y cómodo, con una organización libre, aquí el alumno experimentará sensaciones de bienestar físico, lo que permitirá la aceptación de otros estímulos. De manera agregada los alumnos podrán reconocer los ventajas de otros espacios según la valoración de sus beneficios (Rodríguez, 2014).

    Por último, considerando la disponibilidad de los materiales, éste debe favorecer la colaboración entre los participantes (SEP, 2017) para ello:

    “La escuela debe contar con materiales de calidad, diversos y pertinentes, así como mobiliario suficiente y adecuado para los alumnos, incluyendo a sus estudiantes con discapacidad, para realizar actividades de aprendizaje activo y disponer de espacios convenientes para promover las actividades de exploración científica, las artísticas y las de ejercicio físico” (p. 46)

    Así pues, gestionar ambientes de aprendizaje en la escuela significa proporcionar las condiciones necesarias que permitan problematizar, descubrir, comprender, motivar y asimilar situaciones o contenidos educativos y de la vida diaria desde la propia perspectiva de los estudiantes. Habrán de estimular el desarrollo de habilidades y competencias para la vida y permitir las interacciones de manera constante entre alumno-profesor, alumno-alumno, alumno-expertos, invitados/miembros de la comunidad, alumno-herramientas, alumno-contenido, alumno-ambiente. Queda claro entonces, que el ambiente de aprendizaje se gestiona, diseña y recrea por parte del docente, quien completa el ambiente natural con recursos y actividades orientadas al aprendizaje (Rodríguez, 2014).

    Ahora, retomando la idea, en cuanto a “qué se enseña, cómo se enseña y cómo se evalúa” (Bransford, et, al. 2007, p. 7) el docente habrá de realizar:

    Una planeación didáctica consciente y anticipada que busque optimizar recursos y poner en práctica diversas estrategias con el fin de conjugar una serie de factores (tiempo, espacio, características y necesidades particulares del grupo, materiales y recursos disponibles, experiencia profesional del docente, principios pedagógicos del Modelo Educativo, entre otros) que garanticen el máximo logro en los aprendizajes de los alumnos (SEP, 2017, p. 121)

    En cuanto al cómo se enseña habrá que enfocar la atención en el proceso de construcción del ambiente, el cual según García-Chato (2014) debe ser un sistema integrado por un conjunto de elementos que interactúan entre sí y provoquen la sistematización de valores, fenómenos, procesos naturales y sociales que condicionen, en un determinado tiempo y espacio histórico, la vida y el desarrollo de los participantes. Ligado a la anterior, habrá que considerar el cómo se evalúa, proceso que tiene como objetivo mejorar el desempeño de los estudiantes e identificar sus áreas de oportunidad, a través de la generación de evidencias y productos previamente establecidos por el docente.

    Así pues, la gestión de ambientes de aprendizaje representa una tarea permanente para los docentes dentro del aula y en la escuela. Situación que va ligada a procesos de planeación y evaluación de lo que se busca logre el estudiante y cómo se realizará su medición. “El profesor habrá de tener control de ambos procesos sin que representen una carga administrativa, sino sean valorados como verdaderos aliados de su práctica, vehículos para conseguir los fines educativos” (SEP, 2017, p. 121)

    Por tanto, habrá que considerar que escuela es parte de un ambiente que ofrece al alumno experiencias básicas de aprendizaje. Dicho ambiente, es dinámico (cambiante), se planea en función de los requerimientos de formación de los educandos y se diseña con base a creencias, costumbres, hábitos, prácticas, conocimientos y necesidades (García-Chato, 2014), siendo el colectivo docente quien juega un papel determinante al establecer el criterio que oriente su construcción dentro o fuera del aula.

    Construir ambientes de

    aprendizaje

    Bautista et, al. (2017) evidencian que existe una cultura de formación de ambientes de aprendizaje en Educación Básica, donde generalmente la construcción de éstos están en función del desarrollo de la motivación e interés del alumno por aprender, la corresponsabilidad de los actores, la diversificación de estrategias y, especialmente la consideración de tomar en cuenta a la diversidad al momento de realizar la planificación docente. En este sentido, en relación con los principios del Nuevo Modelo Educativo, los docentes han de considerar para la construcción de ambientes de aprendizaje lo siguiente:

    1. Poner al alumno en el centro.
    2. Diseñar experiencias para el aprendizaje situado.
    3. Dar mayor importancia a la calidad que a la cantidad de los aprendizajes.
    4. Considerar la situación del grupo
    5. Dar importancia a la resolución de problemas y su aplicación en distintos contextos.
    6. Diversificar las estrategias didácticas.
    7. Fomentar la interdisciplinariedad.
    8. Fungir como mediador más que como instructor.
    9. Considerar los saberes previos y los intereses de los estudiantes.
    10. Diversificar el aula.
    11. Modelar con el ejemplo.

      De manera agregada, habrá que considerar las formas de convivencia escolar y de interacción del grupo de estudiantes, ya que resulta fundamental en el establecimiento del ambiente (Ramírez-Vallejo, 2016). En esta línea de análisis habrá que tomar en cuenta los espacios a considerar en todo ambiente de aprendizaje para su generación (Rodríguez, 2014):

      1. Todo ambiente  de aprendizaje tiene, espacios para la interacción, espacios de información, espacios de producción y espacios de exhibición:

        Información: Conjunto de conocimientos que requiere saber el alumno, los saberes que debe tener en cuenta.  Dentro de este espacio también se ubican las indicaciones que el docente da a los alumnos para hacer más eficiente el proceso de aprendizaje, tales como el trabajo en equipo, binas, individual, investigación, entre otras.

        Interacción: Relaciones que se establecen entre los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje, puede ser profesor – alumno, alumno – alumno, alumno – especialistas, entre otros.

        Producción: Considera la elaboración del producto de aprendizaje que va a realizar el alumno y que es la muestra material de lo aprendido.

        Exhibición: Da a conocer el producto resultante del proceso, ésta se puede dar entre los compañeros de clase, dentro del aula, fuera de ella o incluso fuera de la escuela.  Este procedimiento puede constituir la fase de evaluación.

      2. Para la creación de ambientes de aprendizaje apropiados debe considerarse la existencia de dichos espacios, que en su conjunto propician la construcción del proceso de enseñanza – aprendizaje. 

Si bien queda claro que son múltiples los principios, elementos y recomendaciones a considerar en el proceso de construcción de ambientes de aprendizaje, no se debe perder de vista que toda organización debe atender a propósitos específicos, en un espacio determinado e insumos y/o materiales para el aprendizaje contextualizado.

En esta aproximación, cuando se hace referencia a la construcción o generación de un ambiente de aprendizaje, hay que plantear la analogía “El arquitecto planea y edifica una casa como el maestro planea y construye ambientes de aprendizaje en el aula”. Si bien lo que se desea es generar un ambiente, habrá que considerar que el docente dentro de su espacio más inmediato (aula) debe generar experiencias múltiples y diversas en sus estudiantes, motivo por el cual, habrá de dedicar ciertas áreas para el acceso a la lectura, a las matemáticas, a las manifestaciones artísticas, a la comprensión del tiempo histórico y del espacio geográfico entre otras nociones asociadas a un lugar o espacio que potencie el aprendizaje. Por tanto, el docente al igual que el arquitecto habrá de dimensionar dentro de un área el espacio que contextualice la experiencia que desea generar. Por tanto, habrá de planear un lugar que sea explorado, conocido y redescubierto tantas veces como sea necesario por el alumno.

Así pues, “la organización del espacio también puede ser una herramienta de poder” (García y Puigvert 2003, p. 272) y se constituye como medio de acceso al capital cultural de los estudiantes (Bordieu, 1998) entendido como las actitudes, preferencias, conocimiento formal, costumbres, metas y credenciales, adquiridas en el proceso de socialización familiar y compartidas por determinados sectores sociales. En este caso se entiende la implicación del estudiante (contexto familiar) y la organización escolar (contexto escolar) (Guerrero, 2013).

Por lo tanto, la construcción de un ambiente de aprendizaje desde el proceso de planeación y gestión del mismo, hasta su generación implica dimensionar dónde se encuentran los estudiantes, hacia dónde se pretende llegar y el nivel de vinculación contextual del aprendizaje a generar para su aplicación a nivel personal y social.

La participación del docente en los ambientes de aprendizaje

Es importante mencionar que en la medida que la escuela a través de su personal docente dentro o fuera de las aulas, dote de experiencias relevantes y significativas a través de la generación de ambientes de aprendizaje:

Los alumnos tendrán mucho qué decir sobre lo que conocen, preguntarán sobre lo que les genera curiosidad, expresarán sus ideas, hablarán sobre lo que los emociona y conmueve, y aprenderán acerca de la convivencia con otros y sobre los contenidos del currículo (SEP, 2017, p. 68).

Lo anterior, constituye uno de los retos principales del profesorado dentro del aula y en la escuela. El mantener a los alumnos interesados y atentos en sus propios procesos de aprendizaje, sólo se puede considerar a través de la interacción y comunicación entre maestros y alumnos, donde ambos agentes educativos buscan sus áreas de interés y se promocionan a sí mismos es espacios donde se encuentran cómodos y que dan significado a lo que les gusta hacer. No obstante, numerosos estudios han detectado cómo el comportamiento didáctico de los profesores varía en función de cuál sea el tipo de alumnado que creen pisa sus aulas (Feito 2003) conocido como efecto Pigmalión. Por tanto, independientemente de los alumnos con los que se trabaje, será tarea del profesor “mantener y promover el interés y la motivación por aprender y sostener, día a día, el derecho a una educación de calidad en igualdad de condiciones para todos los niños a su cargo” (SEP, 2017, p. 69). Conviene decir que en la medida en que se generen desafíos en aula:

Se establecerá una sinergia entre las actividades retadoras y las habilidades de los estudiantes; y al docente, le permitirá encontrar un mayor sentido y significado a su práctica educativa, más allá de una mirada reproduccionista de contenidos como convencionalmente se ha venido desarrollando. Además de atender de una mejor manera los ritmos de aprendizaje (Gutiérrez y Perilla, 2015, p. 159)

En este sentido, resulta esencial que los docentes posean una visión de hacia dónde quieren llevar a sus estudiantes, ya que la mirada prospectiva del docente hacia el alumno le permitirá plantear tantos escenarios como sean posibles para facilitar su tránsito hacia el aprendizaje. Es aquí, donde el ambiente resulta determinante, ya que dota de significado a las diversas prácticas educativas enfocadas en el alumno y sus procesos de aprendizaje. Ello, requiere un eminente cambio en las funciones de los agentes educativos y la postura hacia la escuela:

Vivimos así un momento donde es necesario hablar de un nuevo escenario educativo en el que algunos de los elementos esenciales de esta institución social, incluidas sus funciones, se vean abocados al cambio (García Lastra, 2013, p. 199)

De tal maneta, habrá que poner atención en las relaciones establecidas entre los actores que participan en la escuela, pero también las pautas de comportamiento que se desarrollan, el tipo de relaciones que mantienen las personas con los objetos, las interacciones que se producen entre las personas, los roles que se establecen, los criterios que prevalecen y las actividades que se realizan (Duarte, 2003). Por lo tanto, habrá que “dotar al alumno de variantes curriculares que amplíen la formación académica, potencien su desarrollo personal y social, inserten al alumno hacia nuevos contenidos relevantes, conocimientos regionales y de impacto social” (Portillo, 2019, p. 58).

Conclusión

“El siglo XXI puede ser, finalmente, en el que la institución escolar se generalice al conjunto de las sociedades humanas, ello porque las funciones que se le han atribuido al servicio de otras instituciones sociales, básicamente siguen siendo las mismas” (Granados, 2003, p. 124). Por tanto, queda claro que “la escuela tiene claramente definida su función social: propiciar aprendizajes y lograr que los estudiantes adquieran conocimientos, y estos se logran en todas las acciones, los espacios y las interacciones que se dan en ella” (SEP, 2017, p. 68).

En este sentido, las transformaciones de la educación en los últimos años abordan “el establecimiento de nuevas modalidades y estrategias de formación y socialización en los escenarios escolares, dirigiendo la atención a problemas asociados con la exclusión, los conflictos socioeducativos y el desarrollo humano de los sujetos y las comunidades” (Duarte, 2003, p. 98) Por tanto, la escuela debe ser capaz de desterrar la pedagogía unidireccional o “bancaria” y para dar lugar a una práctica donde el alumnado sea cada vez más autónomo y capaz de generar, crear y buscar el conocimiento. Asimismo, pase a situarse al centro del proceso de aprendizaje y el profesorado pase a facilitar al alumnado su tarea en la estructuración de saberes (García-Lastra, 2013).

En este sentido, la tarea permanente de la escuela en cuanto a la generación de ambientes de aprendizaje habrá de ser como dotador de experiencias, de prácticas vitales concretas, donde elementos como el llamado currículo oculto, las relaciones sociales o los métodos de trabajo y de evaluación pasan a ser lo fundamental, porque es lo que nos explica la formación o producción de identidades que hace la institución escolar, como su tarea más importante (Fernández, 2003).

Queda claro que el éxito de los profesores en el aprendizaje de los estudiantes estará en función principalmente de la elección adecuada de los ambientes en donde se realicen las actividades (Rodríguez, 2014). Por tanto, siempre será relevante para el alumno conocer y ubicar el escenario donde aprende, qué es lo que aprende o se busca aprender, con quiénes trabaja y con qué materiales, así como qué debe producir como producto final. Tener claridad en estos elementos facilitará el aprendizaje y los dotará de herramientas necesarias enfrentar problemas asociados a su contexto escolar, personal y social.

Si se decide dinamizar el espacio escolar con la generación de ambientes como tarea permanente, los docentes habrán capitalizado la mejora de sus prácticas educativas y “la escuela se consolidará como un lugar en el que el alumno realice abordajes de índole social para la competitividad y el docente sea el promotor del pensamiento crítico para enfrentar el cambio, la incertidumbre y la complejidad” (Portillo, 2019, p. 57).

Así pues, es de suma importancia que los ambientes de aprendizaje “trasciendan el aula de clase, llegando a atender, las particularidades que se presentan en los contextos de cada institución educativa; permitiéndoles a los estudiantes, sentirse parte importante de la planeación que el maestro hace para aproximarlos al conocimiento” (Gutiérrez y Perilla, 2015, p. 149) y que éste último comprenda que todo el espacio escolar presenta opciones para generar oportunidades de aprendizaje.

Referencias

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